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miércoles, 30 de enero de 2019

GEOGRAFÍA INFERNAL (II): EL DESCENSO DE ORFEO



La lluvia martillea pertinaz la muy oscura ciudad de Seattle, mientras Linden y Holder, adicta a los jerséis de lana ella y a la comida macrobiótica él, intentan averiguar qué ha sido de Rosie Larsen, cuya pista se pierde en un casino. Es el final de la magnífica primera temporada de The Killing y todos los indicios parecen apuntar a Richmond, viudo desconsolado, concejal y candidato a gobernador que, ¡oh sorpresa!, participa en un chat con el muy revelador nickname de Orfeo.


La historia del legendario poeta griego, capaz de infundir vida y de amansar a las bestias con su música, se bosqueja brevemente en esta secuencia. Vuestra tarea en esta ocasión es doble. En primer lugar, debéis buscar información sobre el mito de Orfeo y hacer un resumen en vuestros cuadernos.
Solo entonces estaréis en condiciones de explicar por qué nuestro temible, o no, concejal tiene motivos para identificarse con Orfeo.
Buscad, buscad, mis jóvenes amigos...

viernes, 18 de enero de 2019

HADES. GEOGRAFÍA INFERNAL (I). EL RAPTO DE PERSÉFONE

Si a Zeus le correspondió el cielo y a Poseidón el mar, a Hades, el tercero de los hermanos, le correspondieron los Infiernos. ¡Ojo! No tenéis que pensar aquí en un lugar ardiente y en un Satanás rojo, barbudo y de cola puntiaguda, sino que en la Antigüedad grecolatina Infierno significaba simplemente "lo que está más abajo", del latín inferus. Si el Infierno era temible era, sobre todo, porque allí habitaba Hades, el dios de los muertos, y porque, como ahora, la muerte no era una perspectiva muy atractiva. Sin embargo, en los Infiernos estaban tanto los justos como los malvados.
Dos de los mitos más célebres relacionados con el inframundo son el rapto de Perséfone y la trágica historia de Orfeo y Eurídice. Vamos hoy con el primero.
Hades, el Plutón latino, recibía también el nombre eufemístico del “invisible” por parte de aquellos que temían atraerlo, al pronunciar su nombre. Reinaba sobre los muertos de manera cruel y despiadada junto con su esposa Perséfone, la Proserpina de los latinos. Hubo un tiempo, sin embargo, en que Perséfone habitaba entre los vivos como una alegre muchacha. Tan alegre era, de hecho, que su malvado tío Hades -¡sí, su tío!- se enamoró de ella y la raptó para que reinara junto a él en los Infiernos. Su madre Deméter, diosa de la tierra, los cereales y la agricultura, la buscó en vano durante nueve días, mas, al llegar el décimo, escuchó el rumor de que Perséfone había sido raptada por Hades. Decidió entonces, furiosa, no regresar al Olimpo. Adoptó la forma de una anciana y se sentó en una piedra a lamentarse. En su ausencia, la tierra dejó de dar fruto y los hombres y animales comenzaron a morir de hambre. Ese habría sido ciertamente nuestro final, si no hubieran intervenido los dioses.
Zeus envió a Hermes, su mensajero, en busca de Deméter, pero ella se negó a retomar sus labores si no recuperaba a su hija. Acudió entonces Hermes al Infierno y allí intentó que Hades devolviera a la muchacha. Sin embargo, tan malvado como astuto, Hades se las ingenió para que la muchacha comiera unos granos de granada. ¿Y qué? Me diréis. Resulta que, según una ley ancestral, todo aquel que hubiera probado la comida del inframundo, debía permanecer para siempre junto a los muertos. Perséfone estaba, pues, condenada. Y con ella la raza humana, pues ¿de qué se iban a alimentar los hombres si Deméter no permitía que las semillas germinasen? Se llegó entonces al salomónico acuerdo de que Perséfone pasara la mitad del año en la tierra y la otra mitad en los Infiernos. Pero esto vosotros ya lo sabéis, porque, cuando Perséfone se reúne con su madre en las estaciones que llamamos Primavera y Verano, todo cobra vida. Cuando, al contrario, es arrebatada de nuevo a los Infiernos junto a su esposo Hades, las hojas caen y el suelo se vuelve estéril. Se trata, claro está, del Otoño y el Invierno.
Este mito, que da explicación de la sucesión de las estaciones, es lo que se denomina mito etiológico, pues da cuenta de las causas (< αἰτία, “causa”).
En la próxima entrega nos ocuparemos de Orfeo y Eurídice pero no me resisto a dejar aquí un magnífico clip extraído de El sentido de la vida de los Monty Python, sobre lo que ocurre cuando la Muerte, “la de la guadaña”, se junta con los vivos. ¡Todo el mundo a reír!