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jueves, 9 de mayo de 2019

EL CALENDARIO ROMANO



Veíamos el otro día a propósito de la erupción del Vesubio que se produjo -o no- el 24 de agosto del año 79 d. C. Sin embargo, a la hora de indicar la fecha, Plinio el Joven, el autor de la carta en que se describe la erupción, lo hacía de una manera que nos puede resultar un tanto extraña o llamativa: ante diem IX Kal(endas) Sep(tembres), es decir, “nueve días antes de las Kalendas de septiembre”.
Digamos, para empezar, que el término “calendario” deriva precisamente del nombre latino kalendas, que era el nombre que recibía el primer día de mes y coincidía con la aparición de la luna nueva. Solo tres días al mes tenían nombre propio:
El día 1: Kalendae: las calendas
El día 5: Nonae: las nonas
El día 13: Idus: los idus (El célebre asesinato de Julio César tuvo lugar en los idus de marzo del 44 a. C.)
En los meses de marzo, mayo, julio y octubre (acordaos de la regla mnemotécnica marmajulo) las nonas eran el 7 y los idus el 15.
Cuando la fecha que se quería indicar no coincidía exactamente con esos días, se indicaba que había sucedido el día antes (pridie) –o el día después (postridie)- de estos, o bien tantos días antes de la fecha de referencia posterior más próxima, como en el caso de la erupción del Vesubio.
En origen el calendario constaba de diez meses (de marzo a diciembre) y esa es la razón por la que septiembre, que para nosotros es el noveno mes, se forma sobre el numeral septem (“siete); octubre, que para nosotros es el décimo mes, se forma sobre el numeral octo (“ocho”); noviembre, que para nosotros es el undécimo mes, se forma sobre el numeral novem (“nueve”); y diciembre, que para nosotros es el duodécimo mes, se forma sobre el numeral decem (“diez”). En sucesivas reformas se añadieron dos meses, enero y febrero, y la duración del año pasó a ser de 365 días. La forma actual de nuestro calendario se la debemos, mutatis mutandis, a Julio César.
Los meses tomaban su nombre, por lo general, de los dioses:


CALENDARIO JULIANO
ORDEN
NOMBRE
ORIGEN DEL NOMBRE
1
ianuarius
dios Jano, dios de los principios
2
februarius
dios Februo, dios etrusco de la muerte y purificación
3
martius
dios Marte
4
aprilis
 apru palabra etrusca para “espuma” (Afrodita) // o bien aperio (“abrir”)
5
maius
diosa Maya, relacionada con la fertilidad y el crecimiento de los seres vivos
6
iunius
diosa Juno
7
iulius
Julio César
8
augustus
Augusto
9
september
el numeral siete
10
october
el numeral ocho
11
november
el numeral nueve
12
december
el numeral diez
Los días de la semana se relacionan también con los dioses


DÍAS DE LA SEMANA
NOMBRE
NOMBRE LATINO
ORIGEN
lunes
Lunae dies
día de la Luna
martes
Martis dies
día de Marte
miércoles
Mercurii dies
día de Mercurio
jueves
Iovis dies
día de Júpiter
viernes
Veneris dies
día de Venus
sábado
Sabbatis dies
día del Sabbath (influencia judía)
domingo
Domini dies
día del Señor (influencia cristiana)

Curiosidad: existe un latinismo, ad kalendas graecas, “para las kalendas griegas”, que se emplea para referirse a que algo sucede tarde, mal y nunca.

miércoles, 24 de abril de 2019

LA ERUPCIÓN DEL VESUBIO: POMPEYA

Uno de los episodios de la Historia de Roma con mayor presencia en el imaginario popular es el de la erupción del Vesubio, que trajo consigo la destrucción de Pompeya y Herculano. 

Dicha erupción tuvo lugar el 24 de agosto del año 79 d. C. y nuestra principal fuente para el conocimiento de lo ocurrido es el testimonio de primera mano de Plinio el Joven (s. I-II d. C.), que le relató lo sucedido al historiador Tácito (s. I-II d. C.) en una carta (6, 16). En ella cuenta cómo su tío, Plinio el Viejo, intrigado por la columna de humo que ascendía por encima de las montañas cercanas, salió a investigar en una embarcación ligera, dictó sus observaciones, terminó por marchar a la playa al día siguiente con una almohadilla en la cabeza para protegerse de los restos de rocas que caían y acabó muriendo asfixiado por los vapores.
Si queréis saber más detalles, aquí os dejo una versión adaptada de dicha carta, por supuesto, en latín, que traduciremos en clase y traduciréis vosotros mismos, si alguno estudia Latín y Griego en horario nocturno.
C. Plinius Tacito salutem plurimam dicit:
In urbe Miseno eramus, [ubi avunculus meus classem regebat]. Paucis diebus ante motus terrae crebros in regione Campania, senseramus. Sed ante diem IX Kal. Sep. hora fere septima nubem magnitudine inusitata vidimus; nubes e monte Vesuvio surgebat et simillima forma pino erat. Avunculus meus, vir doctissimus, navem petivit, [quod magnam rem cognoscere atque videre e proximo loco cupiebat]. Avunculus properat illuc [unde alii fugiunt]. Iam cinis, densior calidiorque, navi incidebat; mox cadebant nigri pumices et parvi lapides. Sed avunculus navis gubernatorem incitabat: “Fortes fortuna iuvat”. Interim e monte multis locis latissimae altissimaeque flammae relucebant.
Nos autem prima diei hora Miseno excedere statuimus. Vndique audiebamus feminarum atque infantium questus, virorum clamores; multi liberos, parentes aut coniuges requirebant atque manus ad deos tollebant. Tandem obscuritas disparuit: sol rursus luxit. Misenum revenimus et tristissimam rem accipimus: avunculi mei mortem.
Esta erupción es el marco en el que se desarrolla la nada, nada recomendable Pompeya (Paul W. S. Anderson, 2014). Mucho mejor es la recreación que de este episodio hizo la BBC (2003) y que veremos en las próximas sesiones. Así que... ¡poneos a cubierto!

viernes, 22 de marzo de 2019

PAN Y CIRCO EN ROMA



Decía el poeta latino Juvenal (siglos I-II d. C.) que el pueblo romano solo deseaba dos cosas: pan y circo (panem et circenses). En efecto, de la misma manera que hay quien dice que el fútbol sirve para distraer a los ciudadanos de asuntos más importantes, también los emperadores romanos realizaron repartos gratuitos de trigo y grandiosos espectáculos públicos para mantener contento y sumiso al pueblo.

Entre los espectáculos más antiguos estaban los juegos circenses. No debéis dejaros engañar por el significado actual de “circo”, sino que el circo de Roma era una pista -similar a un velódromo- donde se celebraban carreras de carros conducidos por aurigas y tirados por caballos. Supongo que todos tenéis en mente la célebre escena del clásico Ben-Hur, en el que un esforzado y sufrido Charlton Heston aguanta los envites no del todo deportivos de su rival Mesala. En caso contrario, aquí lo tenéis:



Cada carro representaba a un equipo o facción y estos equipos se identificaban por un color (blanco, verde, azul o rojo). Las facciones eran organizaciones complejas que movían elevadas sumas de dinero y tenían muchos seguidores.

Los espectáculos que, de todos modos, más fervor levantaban entre el pueblo eran los combates de gladiadores y las luchas de fieras. Ambos se celebraban en el anfiteatro, una edificación creada ex profeso. El anfiteatro más célebre es, por supuesto, el Coliseo de Roma (s. I d. C.), que luce de fondo en este blog y que en el siguiente clip de la película Gladiator (Ridley Scott, 2000) podéis ver recreado en todo su esplendor.



Los gladiadores solían ser esclavos o condenados a muerte, aunque también había hombres libres y podían llegar a alcanzar gran fama. Hay pintadas en los muros de Pompeya que se refieren a un gladiador llamado Celadus y dicen de él “el hombre por quien suspiran las muchachas”. Había modalidades diversas de luchas: gladiadores o fieras entre sí, gladiadores contra fieras, condenados indefensos arrojados a las fieras -en la época de las persecuciones, los cristianos sufrieron frecuentemente esta “suerte”-, etc. El desenlace solía ser la muerte del vencido. De hecho, habréis escuchado la frase: Ave, Caesar! Morituri te salutant! que quiere decir algo así como “¡Saludos, Emperador, los que van a morir te saludan!”

A veces los gladiadores derrotados eran perdonados. Por cierto, supongo que habréis visto alguna vez cómo en las películas ambientadas en la antigua Roma el emperador concedía el perdón del gladiador derrotado con el pulgar extendido. Pues bien, este gesto significaba en realidad “muerte”, pues, al parecer, significaba la espada desenvainada, mientras que cuando se quería conceder el perdón se escondía el pulgar simbolizando que se envainaba la espada.

Uno de los gladiadores más célebres, además, por supuesto, del ficticio Máximo de Gladiator, fue Espartaco y con él se relaciona en parte vuestra tarea para el próximo día, que consiste en responder a las siguientes preguntas en vuestros cuadernos:

1. ¿Qué significaba la expresión “pan y circo” de Juvenal?
2. ¿Qué era el circo romano y qué espectáculos se celebraban allí?
3. ¿Cuál fue el anfiteatro más famoso de Roma? ¿Qué espectáculos se celebraban allí?
4. ¿Qué significaba el gesto del pulgar extendido?
5. ¿Quién fue Espartaco?

jueves, 21 de marzo de 2019

DELIRANT ROMANI ISTI!


Decía Indro Montanelli en su entretenidísima Historia de Roma que, desde el momento en que en el 509 a. C. fue expulsado el último de los Tarquinios, “todo fue republicano en Roma”. Los romanos desarrollaron una especie de acerada inquina hacia el régimen monárquico (μόνος “uno solo”, ἀρχή “gobierno”) y consideraron la República (res “cosa”, publica) como el mejor de los sistemas posibles. Fue, de hecho, su aversión hacia la monarquía y el miedo de su retorno la que inspiró el asesinato de César, o así nos lo han querido hacer ver los historiadores de la época. Incluso cuando en el 27 a. C. Octavio Augusto se proclamó princeps y aglutinó de facto todos los poderes, mantuvo las formas republicanas.
Lo cierto es, sin embargo, que el principado de Augusto trajo consigo el silencio del Foro y el fin de las libertades que habían caracterizado a la República. Es más, Augusto fue el primero de una serie de emperadores, los de la dinastía Julio-Claudia, que, con la excepción, quizá, de Claudio, actuaron de manera despótica, caprichosa y cruel. Tenemos noticia de buena parte de sus excentricidades gracias a Suetonio, el historiador romano, que en sus Vidas de los doce Césares, concede mucho espacio al cotilleo y la anécdota escabrosa.
Nos habla, por ejemplo, de las prácticas pederastas de Tiberio, que se refería a los tiernos infantes de los que abusaba como “pececillos”.
De Calígula nos cuenta que alimentaba a los animales de los espectáculos circenses con criminales y que nombró cónsul a su caballo preferido, Incitatus.
Ni siquiera Claudio, emperador más prudente y erudito, y responsable de sonados triunfos en Britania, se libró de su maledicente pluma y aparece descrito como inválido, tartamudo, digno del desprecio de su familia y extravagante. Por cierto que su muerte, resultado de la ingesta de setas envenenadas en una maniobra orquestada por Agripina, es uno de los episodios más célebres de la Historia de Roma.
Llegamos así a Nerón, último de la dinastía, tan excéntrico como brutal, que el cine ha inmortalizado con la cara de Peter Ustinov en la película Quo vadis? Aquí os dejo un clip de la misma, en la que comparte plano con Petronio, enigmático autor del Satiricón, sobre el que os hablaré, quizá, en otra ocasión. Atended, por favor, a su identificación -la de Nerón- con un dios olímpico y a su alusión a los rumores que lo presentan como matricida y uxoricida. Con estos dos términos se relaciona vuestra tarea de hoy, que no es otra que descubrir su significado, su etimología -¡hablamos latín! ejem, ejem- y por qué fue acusado Nerón de tales abominaciones. Buscad, buscad y temblad, mis jóvenes amigos.