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viernes, 8 de febrero de 2019

ALTIVS, CITIVS, FORTIVS: LOS JUEGOS OLÍMPICOS



Si sois aficionados al deporte, imagino que sabréis que en 2024 se celebraron en París los trigésimos terceros (XXXIII) Juegos Olímpicos de la era Moderna. De la era Moderna, insisto, pues muchos siglos antes de que el barón Pierre de Coubertin recuperara este espectáculo en Atenas en 1896 con la intención de devolverle al deporte sus valores originales (gloria, honor, afán de superación...), los Juegos ya se celebraban en la Antigüedad.

No es de extrañar, pues, que el lema de los juegos olímpicos sea latino: citius, altius, fortius, que quiere decir “más rápido, más alto, más fuerte”. Aquí podéis oír dicho lema en el himno que John -la Guerra de las Galaxias- Williams compuso para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002.


Los Juegos Olímpicos fueron, cómo no, una creación griega. Se empezaron a celebrar en el 776 a. C. y toman su nombre de Olimpia, donde había un templo en honor del dios Zeus. Cada cuatro años se declaraba una tregua sagrada para que las ciudades griegas dejaran de luchar si estaban en guerra y permitieran a sus atletas participar en los juegos. El período de cuatro años que mediaba entre cada edición de los juegos recibió el nombre de Olimpiada. Fueron abolidos en el siglo IV d. C. por el emperador Teodosio, que los consideraba un culto pagano.



Los atletas tenían que ser varones, griegos, hombres libres y no ser culpables de ningún crimen. Además, eran aristócratas, es decir, nobles. De hecho, los juegos era el escaparate en el que los aristócratas hacían exhibición de sus habilidades físicas para justificar los privilegios que tenían en la polis. Los juegos eran una especie de preparación para la guerra. Como procedían de clases privilegiadas, los atletas podían costearse el equipamiento y dedicarse por completo al entrenamiento. Posteriormente se dio la posibilidad de que las familias aristocráticas no participaran directamente sino a través de atletas especializados, lo que condujo a cierta “profesionalización” de los juegos. Los premios eran muy sencillos, tenían un carácter simbólico: ramas o coronas de olivo y composiciones poéticas en su honor, llamadas epinicios (ἐπί-νική). El vencedor, eso sí, obtenía privilegios en su ciudad de origen, como la manutención gratuita.

Entre las distintas modalidades atléticas estaban las carreras de carros, de caballos, pugilato, lucha, carreras pedestres de velocidad y resistencia, pancracio (una especie de lucha libre, donde casi todo valía y lo único que estaba prohibido era morder y sacarle los ojos al rival), carrera de hoplitas, pentatlón, etc. Las competiciones tenían validez en sí mismas y no había intención de batir marcas.

Si sois aficionados a las aventuras de Astérix (Goscinny-Uderzo), quizá conozcáis su álbum Astérix y los Juegos Olímpicos. Si no, os vendrán bien igualmente estas viñetas como resumen de lo visto en esta entrada.








Como tarea para el próximo día, debéis contestar en vuestro cuaderno a las siguientes cuestiones:
1. ¿Dónde y en qué año se celebraron los primeros Juegos Olímpicos de la Era Moderna? ¿Por iniciativa de quién?
2. ¿Cuál es y qué significa el lema de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna?
3. ¿Dónde se celebraban los Juegos Olímpicos en la Antigüedad? ¿En honor de qué dios?
4. ¿Qué era la Olimpíada? 
5. ¿Qué requisitos había que cumplir para poder competir en los Juegos Olímpicos de la Antigüedad?
6. ¿Qué eran los epinicios? Añade esta palabra y su significado al Glosario.

 

martes, 8 de enero de 2019

AL PRINCIPIO DE TODO...



Llevamos ya más de un trimestre de clase, en el que nos hemos dedicado, sobre todo, a mitos fabulosos e historias legendarias que se pierden en el tiempo y en el espacio. Pero ¿qué es un mito? Un mito es un cuento, un relato tradicional, que se ha transmitido, sobre todo, de forma oral, y que explica el origen del mundo, del ser humano, de los fenómenos naturales, de la técnica, etc. Es, pues, un intento de dar una explicación del mundo y en ellos suelen intervenir dioses y héroes.
Aquí hemos hablado ya, entre otros, del ciclo cretense (Minos y Pasífae, el minotauro, Teseo y Ariadna, Dédalo e Ícaro) y del ciclo troyano (la manzana de la Discordia, el juicio de Paris, la bella Helena, Aquiles, la caída de Troya...) pero, ¿qué fue, según los griegos, lo que dio comienzo a todo? Lo cuenta Hesíodo, un poeta griego del siglo VIII a. C., en dos obras tituladas Teogonía y Trabajos y días.
Nos cuenta, en efecto, cómo al principio solo existía el Caos, un vacío lleno de tinieblas, del que surgieron Gea (la Tierra) y Eros (el Amor). Gea tuvo un hijo Urano (el Cielo) y con él tuvo varios hijos, llamados Titanes. Urano estaba convencido de que uno de sus hijos le robaría el sitio, por lo que los obligaba a quedarse dentro de la Tierra. Esta cada vez se sentía más pesada y pidió ayuda a sus hijos. El más pequeño de todos, Cronos (el Tiempo) logró hacerse con una hoz y...

“saliendo de su escondite, logró alcanzarle con la mano izquierda empuñó con la derecha la prodigiosa hoz, enorme y de afilados dientes, y apresuradamente segó los genitales de su padre y luego los arrojó por detrás.”
(Hesíodo, Teogonía, 180 y ss.)

De las gotas de sangre que brotaron nacieron las Erinias, encargadas de vengar los crímenes familiares. En cuanto a los genitales de Urano, flotaron por el Mediterráneo y de la espuma que salía alrededor nació una doncella, Afrodita, la diosa del amor sexual. 

El nacimiento de Venus, Sandro Botticelli (s. XV)


Cronos se convirtió en el único señor del mundo e iba devorando a los hijos que tenía con Rea. Cuando estaba a punto de nacer Zeus, su último hijo, Rea huyó a Creta y se lo entregó a escondidas a la cabra Amaltea para que lo criara. A Cronos le dio una piedra envuelta en trapos y este la tragó sin desconfiar.

Saturno devorando a sus hijos, Francisco de Goya (s. XIX)

Cuando Zeus se hizo mayor, se enfrentó junto a otros dioses a los Titanes en la Titanomaquia y acabó por hacerse con el poder.

jueves, 20 de diciembre de 2018

¡HAGAN JUEGO, SEÑORES! UN ENIGMÁTICO NACIMIENTO



Danny, un adolescente muy reservado, acaba de trasladarse con su familia a un pequeño pueblo del estado de Nueva York. Es la última de las incontables mudanzas a las que los Pope se han visto obligados. Y es que, durante los años 60, sus padres, Arthur y Annie Pope, hicieron saltar por los aires un laboratorio de napalm para mostrar su disconformidad con la guerra de Vietnam y han llevado desde entonces una vida de prófugos. Tal es el argumento de la magnífica y olvidada Un lugar en ninguna parte (Sidney Lumet, 1988), protagonizada por el malogrado River Phoenix. ¡Ay!
El caso es que a Danny le resulta, como es normal, muy difícil asentarse y hacer amigos, pues siempre debe estar alerta y no puede sincerarse por completo. A su amiga Lorna le extraña la reserva del recién llegado y así se lo hace notar en este clip, con ¡faltaría más! una nueva referencia a la cultura clásica.


“Podrías haber nacido de la cabeza de Zeus”, le dice. No es el caso de Danny pero sí el de una figura esencial de la mitología griega y vuestra tarea, pequeños saltamontes, es encontrar a qué mito se hace referencia y resumirlo en unas pocas líneas. Es el último concurso del año 2018 y hay en juego, como siempre, 1 pto. extra para el examen de esta evaluación y, por supuesto, algo más.