miércoles, 14 de noviembre de 2018

"EL HOMBRE ES UN LOBO PARA EL HOMBRE": LOS ORÍGENES DE ROMA



Bemidji, Minnesota (EE.UU). Un frío que corta la respiración y un asesino a sueldo incapaz de empatía alguna que se ve obligado a detenerse en tan apartado pueblo por un accidente casual. Tal es el punto de partida de Fargo, una magnífica serie que no deberíais perderos; no solo por su calidad, sino porque, como buena parte de la ficción televisiva de hoy día, incluye alguna que otra referencia al mundo clásico. Aquí os dejo un pequeño botón de muestra.

Al volante, Malvo, nuestro asesino a sueldo. De pasajero, un más que angustiado “Griego”. Y un diálogo que plantea interesantes cuestiones:
1. ¿A qué se refiere Malvo con su metáfora de los romanos como lobos?
2. ¿A qué autor latino debemos la máxima que da título a esta entrada y que se puede traducir como “el hombre es un lobo para el hombre”? ¿Qué filósofo la popularizó muchos siglos después?
1. Si hacéis memoria, al acabar la Ilíada de Homero habíamos dejado al ejército griego a las puertas de Troya, que parecía inexpugnable. Lo fue, al menos, hasta que Odiseo, “héroe de muchos recursos”, ideó un plan genial. Engañarían a los troyanos haciéndoles creer que se habían retirado y marchado a Grecia y dejarían como única huella un enorme caballo de madera en cuyo interior se esconderían los mejores guerreros griegos. Los troyanos, pese a las advertencias de Casandra y de Laoconte –“temo a los griegos, incluso cuando traen regalos”-, cayeron en la trampa y por la noche salieron los griegos del interior del caballo y pasaron a sangre y a fuego la ciudad de Troya, que durante diez años había resistido a una guerra abierta a la luz del día. 

Sin embargo, uno de los príncipes troyanos, Eneas, consiguió escapar gracias a la advertencia de la sombra del difunto Héctor, que se le apareció en sueños para advertirle del peligro y encomendarle la fundación de una nueva Troya –he aquí la futura Roma-. Escapó Eneas de Troya junto con su padre Anquises, su hijo Ascanio –también llamado Iulo- y su mujer Creusa, a la que perdió en la confusión de la noche. Tras múltiples aventuras y desventuras por el Mediterráneo –entre ellas sus amoríos en Cartago con la reina Dido-, llegó Eneas a la Península Itálica, a la región del Lacio, regida por el rey Latino, con cuya hija Lavinia terminó por casarse tras derrotar a los rútulos. Ambos fundaron una ciudad de nombre Lavinio, de la que partió Ascanio para fundar Alba Longa.
Tras varias generaciones, llegaron al trono de Alba Longa dos hermanos, Numítor y Amulio. Pero Amulio aspiraba a gobernar en solitario y desterró a su hermano y mató a toda su descendencia. ¿A toda? ¡No! Deja con vida a Rea Silvia, que, como vestal, estaba obligada a permanecer virgen y, en consecuencia, no tendría descendencia. Pero hete aquí que un día, mientras Rea Silvia dormía en un bosque, el dios Marte se enamoró de ella, la violó y la dejó encinta.
Rea Silvia tuvo a dos hermanos, Rómulo y Remo, noticia que encolerizó a Amulio, que hizo que los abandonaran en el río para que se ahogaran. Sin embargo, la cesta en la que fueron abandonados encalló en un recodo, donde los recogió una loba que los crio como propios. Las malas lenguas dicen que no hubo tal loba sino una prostituta –de ahí, lo de “loba”- de nombre Acca Laurentia. 
Cuando crecieron, Rómulo y Remo averiguaron su verdadero origen y retornaron a Alba Longa, donde derrotaron a Amulio, restituyeron a Numítor en el trono y marcharon para fundar una nueva ciudad en el lugar donde el cesto encalló milagrosamente. ¿Cómo llamar, sin embargo, a la nueva ciudad? ¿Quién había de decidir el nombre? Ambos hermanos acordaron, una vez fijados sus límites, que aquel que viera más aves sería el responsable de “bautizar” la nueva ciudad. Venció Rómulo y Remo, encolerizado por su derrota, traspasó con intencion hostil los límites previamente fijados, de modo que Rómulo le dio muerte. ¡He aquí Roma! Según Tito Livio, historiador romano del s. I a. C.- I d. C., dicha fundación tuvo lugar en el 753 a. C., fecha que adoptaron los romanos para datar: “tantos años ab urbe condita” (= tantos años desde la fundación de la ciudad).
Nos queda tan solo averiguar a qué autor latino debemos la expresión “el hombre es un lobo para el hombre” y qué filósofo la popularizó en el siglo XVII y esa, amigos míos, es vuestra tarea para el próximo día, junto con el ya tradicional resumen en vuestro cuaderno de la leyenda de la fundación de Roma.

viernes, 9 de noviembre de 2018

HAGAN JUEGO, SEÑORES: ¡NO ES UN EJÉRCITO, SON CERDOS!



Corren tiempos oscuros y violentos en un mundo de fantasía cercano a la Tierra Media de Tolkien. La malvada reina Bavmorda se ha propuesto acabar con la vida de Elora Danan, la encantadora recién nacida que, según la profecía, terminará con su reinado de terror. La intervención in extremis de una lavandera frustra sus planes y la pequeña Elora acaba río abajo en una cesta. ¿Os suena este detalle? ¿No?
Sea como fuere, la pequeña llega a una apacible aldea de enanos donde Willow, un joven campesino, intenta convertirse en aprendiz de mago. Los negros ejércitos de Bavmorda no tardan en averiguar el paradero de la niña y una singular compañía se forma para llevar a Elora lejos de los límites de la aldea. De nuevo, las similitudes con Tolkien y su comunidad del anillo son evidentes. Este es el argumento de Willow, estupenda película de 1988 dirigida por Ron Howard que ninguno de vosotros debería dejar de ver una tarde lluviosa de sábado.
En el vídeo que hoy os dejo Willow y sus audaces acompañantes llegan ante el castillo de Bavmorda para rescatar a la pequeña pero la magia negra es muy muy poderosa y pronto el pequeño ejército acaba convertido en una piara de cerdos. 



 Tenéis hasta el próximo miércoles para
1. encontrar el ejemplo más célebre de metamorfosis porcina del mundo clásico, resumir el episodio e indicar dónde se narra.
2. averiguar en qué episodio de la historia de Roma se basa el detalle de la pequeña Elora abandonada a su suerte en una cesta en el río.
Espero vuestras respuestas en forma de comentario a esta entrada. Tic-tac, tic-tac... Daos prisa porque el primero en acertar, ¡tiene premio!
¡Husmead, husmead, mis jóvenes amigos!

miércoles, 7 de noviembre de 2018

VOLVER A CASA: LA ODISEA DE HOMERO



¿Quién no ha sentido alguna vez morriña, ganas de volver a casa o, si no a casa, a un momento en que todo parecía ser más fácil y éramos más felices? La palabra para este sentimiento es, ya lo sabéis, nostalgia. Se trata de una palabra de origen griego, de νόστος (gr. ‘regreso’) y ἄλγος (gr. ‘dolor’). Etimológicamente ‘nostalgia’ significa ‘dolor por el regreso’, o mejor, ‘por no poder regresar’.
El héroe griego que mejor encarna tal sentimiento es, por supuesto, Odiseo (o Ulises), que tras la toma de Troya tuvo un regreso muy accidentado a su patria, Ítaca. Tal es el tema de la Odisea, el otro gran poema de Homero. La Odisea es el único ejemplo conservado del subgénero de los νόστοι, dedicado a las dificultades que los héroes griegos encontraron a su vuelta de Troya. Si la Ilíada presentaba un relato lineal y ambientado en unos pocos días del décimo año de la Guerra de Troya, la Odisea presenta una estructura más sofisticada y compleja, con variedad de espacios, saltos en el tiempo y también personajes diversos. De hecho, Odiseo aparece también como un héroe más complejo y con más matices que Aquiles, que se sirve de su astucia más que de su fuerza bruta.
Los cantos I-IV tienen lugar en Ítaca, de donde Odiseo lleva tantos años ausente. Su esposa Penélope sufre el asedio constante de pretendientes y su hijo Telémaco parte en busca de noticias de su padre.
Los cantos V-VIII están dedicados a Odiseo, que parte de la isla de la ninfa Calipso, donde lleva ya varios años retenido. Tras una violenta tempestad llega al país de los feacios, donde es hallado por Nausícaa, hija del rey Alcínoo, que lo conduce a palacio.
Los cantos IX-XII son los más célebres del poema. En ellos hay un flash-back, un salto en el tiempo, pues Odiseo relata ante los feacios las aventuras maravillosas que vivió desde la salida de Troya hasta llegar hasta Calipso: sus aventuras con el cíclope Polifemo, con Circe, en el mundo de los muertos, con las sirenas, con los rebaños del dios Sol.
Los cantos XIII-XXIV narran el retorno de Odiseo a Ítaca, el reconocimiento de sus seres queridos y la venganza final con el castigo -sangriento castigo- a los pretendientes.
Seguramente conoceréis ya muchos de estos episodios, pues forman parte desde hace mucho de la cultura popular. Prueba de ello es el homenaje que a este poema le hicieron los Simpson en el capítulo “Historias de dominio público”. ¡Ahora mismo lo vemos!







lunes, 5 de noviembre de 2018

LA ÉPICA GRIEGA (II): LA CÓLERA DE AQUILES


Se suele decir que la Ilíada de Homero trata de la Guerra de Troya pero esto no es del todo exacto. La acción de la Ilíada transcurre durante unos pocos días del décimo año de la Guerra de Troya y al término de esta obra, todavía sigue la gran ciudad en pie. No hay ninguna mención en ella al regalo envenenado del caballo de madera. Y es que la Ilíada se ocupa, más bien, de la cólera de Aquiles, como se indica en sus primeros y programáticos versos:

“La cólera canta, oh diosa, del Pelida Aquiles,
maldita, que causó a los aqueos incontables dolores,
precipitó al Hades muchas valientes vidas
de héroes y a ellos mismos los hizo presa para los perros
y para todas las aves...[1]

Los griegos caen como moscas por obra y gracia de una peste enviada por el dios Apolo, encolerizado porque a Crises, sacerdote troyano, le han arrebatado a Criseida, botín de guerra de Agamenón. Con grandes reparos y temores informa Calcante, adivino de los griegos, al gran rey de Micenas de que debe devolver a la muchacha. Apoya la propuesta Aquiles, el más grande de los héroes griegos y, tras una gran disputa, cede Agamenón con una condición: devolverá a Criseida siempre que a él le corresponda Briseida, botín de Aquiles.
Y no, no es este un “lío de faldas”, como algunos quieren ver, sino que tras el conflicto entre Agamenón y Aquiles se oculta la moral de la guerra y del honor. Los honorarios de Aquiles por sus servicios a la causa griega son el botín de guerra, Briseida en este caso, y, si se le retiran sus honorarios, razona, deja de combatir.
Y entonces, la sombra de la derrota se cierne sobre los griegos, cuyo ejército sufre los golpes de Héctor, el héroe por antonomasia, que en el canto VI se despide de su esposa Andrómaca y su hijo Astianacte para jamás regresar. Sabe que junto a los muros de Troya terminará muerto, pero el deber para con la patria es lo primero. Antes, eso sí, tiene tiempo de acabar con Patroclo, el joven amigo de Aquiles. Solo entonces, por sus ansias de venganza, vuelve Aquiles al combate y en un enfrentamiento épico -nunca mejor dicho- acaba con Héctor. No se aplaca así su ira, sino que durante tres días consecutivos arrastra el cadáver del troyano alrededor de los muros de Troya, para horror de Príamo, rey de la ciudad y padre del propio Héctor. Aconsejado por los dioses y con la inestimable ayuda de Hermes, se disfraza Príamo de mendigo y se infiltra en el campamento griego para suplicarle a Aquiles, asesino de su hijo, que le devuelva su cadáver para poder así rendirle honores fúnebres. Solo entonces se apiada Aquiles del anciano. Se cierra el gran poema con los funerales de Héctor.


[1] La cita procede de E. Crespo (trad.), 2006: Homero. Ilíada, Gredos, Madrid.